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Neurodivergencia

Lo social también se aprende

Equipo Vive Instituto

Muchas reglas sociales nunca se explican: se espera que se aprendan mirando

Hora del recreo.

Los demás ya armaron el juego. Él está a un costado, mirando. No llora, no molesta, no pide entrar. Solo mira.

Cuando alguien te lo cuenta, la primera lectura suele ser «es tímido» o «prefiere estar solo». A veces es cierto. Pero muchas otras veces lo que ocurre es distinto: quiere entrar y no sabe cómo.

El problema de las reglas que nadie dice

Piensa en todo lo que hace falta para sumarse a un juego que ya empezó: leer si es buen momento, encontrar una pausa, acercarse sin interrumpir, ofrecer algo, aceptar el lugar que te den. Nadie enseña eso. Se espera que se aprenda observando.

Y ahí está el punto: la mayoría de las normas sociales son implícitas. No están escritas, no se explican, y damos por hecho que se captan solas. Para muchos niños es así. Para otros —especialmente en TEA Nivel 1— no, y no por falta de interés ni de inteligencia.

Lo que se ve y lo que puede estar ocurriendo

Lo que sí funciona

Lo social no se arregla mandando al niño «a que socialice más». La exposición sin herramientas suele producir el efecto contrario: más fracasos, más evitación.

Lo que funciona es enseñarlo como se enseña cualquier otra materia: explícito, en pasos, con ejemplos y con práctica.

Desde la consulta

Un cambio que solemos ver: cuando el niño entiende que hay reglas y que se pueden aprender, baja muchísimo la angustia. Antes vivía los fracasos sociales como algo personal —«no le caigo bien a nadie»—. Después empieza a leerlos como lo que son: una habilidad que todavía está entrenando.

Y a las familias les alivia lo mismo. Deja de ser una pelea sobre voluntad y se convierte en un plan de trabajo.

Cuándo conviene consultar

Vale la pena evaluarlo si notas dificultad sostenida para hacer o mantener amigos, si aparecen conflictos frecuentes que él no logra explicar, si evita cumpleaños o recreos, si interpreta todo de forma literal, o si el colegio reporta que «es muy capaz pero le cuesta con los compañeros». Cuanto antes se trabaja, menos se acumula la frustración.

Lo social no es un rasgo de personalidad que se tiene o no se tiene. Es un conjunto de habilidades. Y las habilidades se enseñan.

Nadie diría que un niño «no quiere leer» porque todavía no aprendió a leer. Con lo social merece la misma paciencia.

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